jueves, 28 de enero de 2016

Michael Daugherty: Compositor clásico admirador de lo Popular norteamericano.




Superman fue uno de los héroes favoritos de nuestra niñez. Un personaje casi real, para aquellos que aprendimos a leer con los comics de los años 50 y 60, viviendo sus increíbles aventuras. Algunos inclusive tratamos de emular sus hazañas, lanzándonos con una capa desde un árbol o un tejado,  para caer de manera estrepitosa en el suelo, partiéndonos un diente,  un brazo o una costilla.
Es justo que Superman tenga, así como los héroes imaginarios del pasado Don Quijote, Don Juan,  Mefistófeles, Peer Gynt,…etc. lo han tenido,  su obra sinfónica. El Norteamericano Michael Daugherty, nacido en Cedar Rapids, Iowa en 1954,  ha hecho realidad este deseo de muchos con una obra moderna  que expresa energía, fuerza y misterio, haciendo honor a este mito popular de la cultura del siglo XX y como un homenaje a los cincuenta años  nacimiento del superhéroe, entre 1988- 1993. La obra lleva por título Metropolis Symphony.

Francisco Rivero. Daugherty. 2016.

Es una obra fantástica, la cual ha sido interpretada por orquestas de todo el mundo. Se estructura en cinco partes. El primer movimiento llamado Lex (Como el archienemigo de Superman) es una pieza rápida para violín y orquesta de mucho ingenio, en donde las situaciones de peligro se suceden de manera vertiginosa. El segundo movimiento de carácter introspectivo es el Planeta Krypton, que abre con las sirenas y toques de campana, anunciando el peligro de explosión. El piano se hace sentir entre la rica textura de la orquesta que se eleva en un largo crescendo. Sigue a este MXYZPTLK, algo sin traducción en este mundo el cual es mercurial por sus ritmos cambiantes, al igual que el extraño personaje.
El cuarto movimiento Oh Lois! es una especie de scherzo con una brillante intervención de los cobres de la orquesta y la nutrida sección de percusión. Culmina la obra con Red Cape Tango, que crea el ambiente de cabaret gansteril de los años 50, en donde interrumpen las fuerzas del bien. Finalmente  en un duelo apasionante se impone el tema de Supermán.
Otras obras de este compositor dignas de reseñar es su Concierto para violín y orquesta que lleva por nombre Fire and Blood, su suite de piezas populares independientes American Icons y más recientemente Deux ex Machina ( 2007) para piano y orquesta. 


sábado, 23 de enero de 2016

Thomas Adès. Rompiendo con su música, las controvertidas barreras entre Sibelius y el Rock.




La música del nuevo siglo XXI, con su carácter pragmático de maquina centrifugadora de estilos, no se detiene ante nada. Toma ventaja de las vanguardias de los años 60, el rock, la electrónica y por supuesto los compositores clásicos del pasado. Este pluralismo pragmático crea una nueva cultura de mezclas insospechadas de gran acción y atrevimiento que sorprende al oyente. 

Francisco Rivero. Ades.2016.


El británico Thomas Adès, nacido en 1971, se proyecta  el líder en su país de esta corriente con obras que lo han catapultado a la fama como Asyla (1997), una composición  sinfónica en cuatro partes, que combina diversas influencias, desde los clusters inquietantes de Ligeti que crean atmósferas caóticas,   pastosos glissandos de cuerdas en escalas microtonales, golpes secos de tambores en crescendos ostinados típicos del Rock, tintineo sutiles de campanillas y como marco de referencia  los vastos paisajes sonoros de Sibelius. El compositor, según sus palabras,  busca un Asilo en cada estilo y de allí proviene el nombre tan misterioso de esta obra.
Interesante es también es su Quinteto para piano (2001), una obra diferente, de mucha frescura y libertad, compuesta a base de capas de música que a veces se contraponen, creando texturas complejas pero en los moldes clásicos. Presenta notables desarrollos en escalas ascendentes y descendentes en el piano. De repente, en medio del diluvio de aquellas sonoridades algo disonantes, caen algunos caramelos del cielo que nos endulzan. Entonces ceden las texturas complicadas y surgen bellos pasajes románticos con melodías que recuerdan a Brahms.


miércoles, 20 de enero de 2016

John Adams. Exitoso compositor norteamericano de este siglo XXI.




Minimalismo y Fusión. Fusión y Minimalismo. Son dos elementos básicos en la creación musical. En el minimalismo los temas se repiten. En el Bolero de Ravel, hay 18 repeticiones de un tema , con cambios de timbres, que hipnotizan al oyente. Es un viejo recurso empleado por todos los músicos a lo largo de la historia. La fusión o combinación de estilos y técnicas disimiles es otro elemento importante que empezó a usarse a comienzos del siglo XX. Mezclar música seria, con canciones callejeras, ritmos de jazz y otras cosas sencillas, es un buen truco que funciona. Fue lo que hicieron los compositores de la escuela de París  en los años veinte del siglo pasado.

Francisco Rivero. John Adams. 2016.

La música moderna de comienzo del siglo XXI, tiene en John Adams una de sus figuras emblemáticas. Un norteamericano nacido en Worcester Massachusetts en 1947 y criado en New Hampshire en los años 60, de una familia de clase media americana, que envío a su hijo a Harvard  a estudiar música. Allí  descubre a los modernos como Schoenberg, Boulez y John Cage. También el muchacho escuchaba en las noches  a los Beatles, Coltrane y a los minimalistas como Steve Reich y Philip Glass. Se muda a San Francisco en los 70 y entra en contacto con la vanguardia. Sus primeros pasos en el mundo musical fueron experiencias hippies de happenings al estilo más radical de Cage.
De acuerdo al escritor Alex Ross en su maravilloso libro The Rest is Noise., “El minimalismo le dio a Adams su voz individual. Su salto definitivo fue combinar los patrones de repetición al estilo Reich- Glass con las formas orquestales voluptuosas y grandilocuentes de Wagner, Richard Strauss, Mahler y Sibelius.” Su estilo de sabor minimalista, que  se adapta bien al gusto popular, es un crisol en donde se funden las más diversas   influencias de casi todo el mundo: grandes orquestas clásicas, congas y tumbadoras del caribe, instrumentos  exóticos de Asia,  ritmos de la música popular americana….etc.
Adams a ha alcanzado la fama gracias a obras bien cimentadas como su Harmonielehrer (1985), The Chairman dances y su ópera Nixon in China (1987). Su Concierto para violín (1993) es una partitura fresca y audaz, de tres movimientos, en donde hace gala de un complejo contrapunto y timbres ácidos, en donde un Tsunami de notas avasallantes  van  creando espacios sonoros de alta energía.
Notable por recrear la atmósfera de la costa, frente a los vientos marinos es The Dharma at Big Sur (2003), una especie de concierto para violín eléctrico, en dos movimientos, acompañado de una orquesta bastante singular, por su variedad de instrumentos de percusión. Además de ello algunos de los instrumentos están afinados en la forma natural o entonación justa. (Solo para matemáticos: la escala musical se divide en notas, cuyos radios de las frecuencias entre ellas son  fracciones cuyos denominadores están formados por potencias enteras  de 2 y de 3).
 

Una de sus últimas obras es City Noir (2014), comisionada por la Orquesta Filarmónica de Los Ángeles, y cuyo estreno mundial estuvo a cargo de dicha agrupación bajo la batuta del venezolano Gustavo Dudamel.


martes, 19 de enero de 2016

Ferruccio Busoni. El último romántico y el primer moderno.




El músico italiano Ferruccio Busoni (1866-1924) es difícil de ubicar en el panorama de la música moderna por sus cambios de estilo que reflejan distintas corrientes a veces contrapuestas. Tal es el caso de sus primeras obras como el monumental Concierto para piano de 1904, composición  de dimensiones colosales y escritura compleja en el estilo de Wagner y Liszt. Son 70 de minutos de buena música en donde se conjuga lo viejo con lo nuevo de manera magistral. 

Francisco Rivero. Busoni. 2016.

Busoni se educó entre  Austria y Alemania y permaneció en Leipzig durante casi toda su carrera ejerciendo su actividad como  pianista y concertista, compositor y pedagogo. Fue un músico de avanzada que ayudó  a promocionar otros compositores, algunos de avanzada  como Schoenberg y Bartok.
A partir de 1907 hay un cambio de estilo con sus piezas para piano Elegías, compuestas en 1907 en donde se plantea una duración más breve y textura más ligera, acuñando su propia voz que lo llevara por nuevos derroteros de la música moderna.
El músico anuncia este cambio de actitud en su obra Bosquejos de una nueva estética, publicada en 1907, la cual tuvo bastante difusión e influencias entre los compositores de su época. Allí plantea la liberación de la música de los modos tradicionales de composición, permitiendo mayor libertad, apartándose de los estereotipos de la música descriptiva y haciendo una defensa de la música en su esencia propia como simple relación entre sonidos: La nueva música debe ser infinita y absoluta. Propone una investigación de las nuevas escalas musicales, presentes en las obras de Richard Strauss y Debussy, haciendo uso de microtonos. Este nuevo sistema lo bautiza con el nombre de Joven Clasicismo.
Una faceta importante de su carrera es el estudio del contrapunto, inspirándose en la obra de Juan Sebastián Bach, del cual hizo varias transcripciones para el piano, resultando en  obras de gran interés por el nuevo tratamiento de los tiempos, armonías y timbres. Son una clara expresión de ello sus seis Sonatinas para el piano compuestas entre 1910-20. Son obras amenas de escuchar, bastante libres, que semejan estudios o improvisaciones tomando material prestado  de algunos autores famosos. En una de ellas escuchamos citas de Carmen de Bizet.
Busoni compuso tres óperas en su última etapa, dos de las cuales se inspiran en la Comedia del Arte del silo XVIII, como lo son Arlecchino (1916) y Turandot (1917). Dejo sin terminar su ópera Doctor Fausto, cuando la muerte lo sorprendió en 1924,   en donde plasma sus ideas del Joven Clasicismo